lunes, 27 de febrero de 2017

AVENTURAS TERMOMÉTRICAS EN LA SIERRA NEVADA DE GRANADA. 2ª parte.


Como en el famoso cuadro de Goya, en el paisaje de la vendimia del otoño (1786-1787) aparece potente e inabarcable la montaña. Apenas 17 años después Simón de Roxas mágicamente reproduciría contenidos: de su singular vendimia sanluqueña a la montaña granadina, escenario de sus mediciones termométricas.
Finalizando el invierno en marzo 1804, Simón de Roxas ha encontrado condiciones favorables para superar la chance africana y bien protegido en su encantador núcleo sanluqueño, ya ha redactado lo principal de su famoso Ensayo sobre vidueños andaluces al que poco más añadirá y está inmerso en otro proyecto que oficialmente se le ha asignado: la Comisión  de recorrer el antiguo Reino de Granada y formar una memoria como la que Cavanilles hizo con sus Observaciones…  por el de Valencia.
Probablemente la última de la extensa tradición de expediciones científicas del XVIII, pero en la decadencia general del Estado en esos últimos años del reinado de Carlos IV, es sin duda la peor dotada materialmente. Pero eso no arredra a un joven Clemente de 27  años de edad que afronta el desafío con determinación, valentía, su inmenso genio y … muy poco más.
Extraña no diera con ningún instrumento en el siempre bien surtido Gibraltar  los primeros días de esa primavera, donde paso los tres últimos días de abril de ese año y sabemos por su correspondencia que fue de tiendas. 

No será hasta llegar a la capital granadina a mediados de junio que volverá a encontrarse con instrumental adecuado, al contactar con  los DOCTOS GRANADINOS que viven en la ciudad, concretamente con el presbítero D. Manuel Rosales de quien anota en su catálogo de personajes notables:
Físico muy bueno y estudiosísimo, de conocimientos matemáticos y astronómicos nada comunes, de dulcísimo carácter, de muy buen gusto y juicio
Lo que no deja de ser un elogio viniendo de nuestro viajero que como vimos, apenas el año anterior se había entrevistado en Londres por ejemplo con el matemático José de Mendoza y Ríos (1761-1816) http://simonderoxasclemente.blogspot.com.es/2016_05_01_archive.html
En estos días aquí en Granada anota sus primeras mediciones tomándolas de las observaciones de Rosales.
Según observaciones de Rosales, hechas con instrumentos que no eran de toda su satisfacción, el barómetro nunca sube en Granada más de 26 pulgadas francesas y seis líneas ni baja más de 25 pulgadas y 6 líneas.
El termómetro nunca sube más de 30º Reaumur, ni baja del 0 más de 5º.
A fines de febrero de 1805 subió el Barómetro de Rosales por algunos días hasta 26 pulgadas francesas y 8 líneas.
18´5º marcaba el termómetro el día 31 de julio a las 10´45.
Aquí vemos cómo tras las dos primeras anotaciones de carácter general que suponemos de las fechas del encuentro con el presbítero Rosales, siguen a continuación 2 datos nuevos, ambos tomados por Simón de Roxas posteriormente ya en 1805, pero de meses distintos.

Clemente permaneció en la capital granadina según su diario hasta el 21 de Julio de 1804, estancia tras la que sale hacía Huéjar [Güéjar] con los ojos puestos en la ascensión a las cimas de Sª Nevada, para por los puertos más altos franquearla a la vertiente Alpujarreña. 

 
En el relato de la aproximación hacía las cumbres y ligadas al itinerario por los parajes del lugar que va nombrando, aparecen más mediciones casi con mayor valor literario que científico. 
El 22 de julio de 1804 [pág. 206 Transcrip. Gil Albarracín. 2002] Clemente en compañía de su guía - un cazador de lobos -  asciende hacia la  confluencia de los ríos Maitena y  Genil remontando este hasta la desembocadura del Bco. de S. Juan, al fin como a media legua del Pueblo en una fuente del Haza de las Ánimas
. . . es la más fresca que gustamos; hizo bajar el termómetro hasta los 6º, este instrumento  a las 12 del día 13º.
Remontando ese día el Bco. de S. Juan pasan la noche en Cabañas Viejas donde sigue anotando.
El termómetro señalo al anochecer 8º y al amanecer del día siguiente algo menos de 5º el agua de la Fuente Fría que encontramos por la tarde estaba acerca de 6º.
Al día siguiente [23 julio] pasamos por la noche en la Mata, choza de Guadarnón, el termómetro estaba a las 10 en en 5º, a las 12 del día lo había observado en las Minillas 12º.
El día 24 por donde se buscó el tesoro de Guadarnón y las Minillas entran al Corral del Veleta que atraviesan para  ascender penosa y arriesgadamente al Picacho. En la narración las mediciones de esta primera ascensión finalizan lacónicamente con una última nota: [Pág. 210].  
En el Picacho del Veleta se rompió el termómetro y quedo suspenso a los 50º.

Medida de la importancia que Clemente da al asunto de las mediciones termométricas y para asegurarlas: la previsión de  llevar desde Granada un segundo instrumento.
Tras el primer asalto a la alta montaña, al volver a su  base en Huéjar probablemente lo primero que hace es comprobarlo y aprovechar para anotar: [Pág. 215].
El dia 8 [agosto] a las 6 de la tarde en Huejar señalaba el termómetro 20º
. . . al anochecer hasta la 1,30  el termómetro estuvo en 26º. 
Aquella noche en la estancia donde había permanecido este termómetro recibió el calor del viajero y de su iluminación desde el anochecer hasta la madrugada, largo intervalo tras la cena en el que invariablemente Simón de Roxas como todos los naturalistas viajeros anotaba en su diario de viaje.
Estos evocadores guiños de intimidad emergen continuamente a lo largo de las lecturas termométricas de Simón de Roxas como en las anotaciones que comienza a colectar desde 1820 y que agrupó como  Meteorología de Titaguas.
Tras la primera ascensión parte hacia las altas cumbres desde su base de Huéjar, emprende una segunda ascensión esta vez los viajeros son cuatro y una mula. La idea es volver a la cumbre del Veleta y cruzar por los puertos altos a la Alpujarra, donde pernoctaran para desde allí ascender Mulhacén y descender midiendo la montaña hacía la sierra de la Contraviesa.

Simón de Roxas echó el resto en su hazaña de medir Mulhacen. En la medida de sus posibilidades emuló la aventura alpina de la expedición de Saussure al Montblanc.
Comienzan la ascnsión cruzando el Genil, ascienden la cuesta del Tajo de Prado Redondo, por la fuente fresquísima del mismo nombre y ascienden por el camino de los Neveros hasta más arriba del Ventisquero de Cauchil, en los Panderones.
A las 7 de la tarde señalaba el barómetro (sic) 11º y hacía un viento terrible que había comenzado a 1 de la tarde y venia de hacia el Sur.
Terminan esta jornada en los Panderones sobre el Bco. de S. Juan junto a los neveros que cargaban la nieve que tenía aún tres varas de grosor, en su cueva abrigada y añadida por ellos, duermen en esta segunda expedición a las cumbres todos juntos.
8 ¿? Agosto [Pág. 216].
A las 7 de la mañana del día 8 señalaba el termómetro los mismos grados que en la tarde del día anterior, ambas veces dentro de la Cueva de los Neveros a saber 11ª ya a las 8 de la mañana del mismo día 8 marcó cerca de 22 grados.
Tras ascender por segunda vez al Veleta donde no se pudo ver nada por la espesa niebla, recogen la caballería que habían dejado en el camino de la Alpujarra, pronto tienen que descargarla para bajar el puerto de la otra vertiente por un empinado ventisquero desde el que siguen descendiendo al cortijo Lastoma ya por fin en la otra vertiente.

Imagen estival del actualmente llamado  Cortijo Lastomas en:
http://trotasendesbenicalap.blogspot.com.es/2016/04/capileira-refugio-poqueira-y-ascension.html
Día 10 [agosto] en el cortijo de Lastoma a la falda de Mulhacén y a la vista de Capileira, que dista una legua, señalaba el termómetro cerca de 8º.
El día 10 subimos en 3 horas y media desde el cortijo de Lastoma la cima del Mulhacén, la niebla nos ocultó los objetos excepto algunos muy vecinos como dos machos monteses que divisamos muy tranquilos más abajo de la mitad del corte que Mulhacén tiene al norte.
No encontramos más medidas anotadas ese 1804.
Tras regresar de su recorrido del invierno de ese año que lo llevó hasta la orilla del mar bordeando la Sierra a Almería, cabo Gata y vuelta por las Sierras interiores hasta la Puebla de D. Fadrique, para desde Guadix llegar a Granada a principios de julio, permaneció en la ciudad buena parte de ese mes,  partiendo su último día de nuevo hacía las cumbres.
Como vimos en la 2ª parte de su primera nota junto a las de Rosales, la lectura termométrica que trae  se añadió a las otras – de carácter más general - en febrero de 1805, podemos considerarla la primera de ese año del que aparecen algunas más en la tercera campaña a las cumbres que inicia el último día de julio, que comienza – como si nada hubiera pasado –  continuando la de ese día:

17,5º señalaba el termómetro a las 10,30 en el cortijo del Tío Sevilla donde paramos por la noche del 31 de julio
 y en nota aparte:
15º y cerca de medio a las 6 de la mañana señalaba el termómetro en el día siguiente, primero de agosto en el mismo Cortijo.
Vista actual del Cortijo del tío Sevilla en:
Esa noche duermen en un hato de pastores más arriba del Peñón de Dilar.
Cerca de 10º señalaba el termómetro a las 6 de la mañana día 2 de agosto en la dehesa de Dilar.
Hemos madrugado para llegar a Veleta cuya cumbre dominábamos antes de las 10 de la mañana. No tardamos mucho a cruzar ventisqueros. . . [pág. 645]
Hace un apartado en su diario para tratar de los ventisqueros y al hablar de un polvo rojo en la nieve alude al volumen Vº de las Memorias del Instituto (del que por ahora hemos agotado sin resultado nuestras opciones de búsqueda) nombrando a Saussure y Ramond
Como vemos Clemente estaba - y así lo sentía él - en trabajos de la dimensión de las exploraciones y mediciones alpinas y pirenaicas que conocía perfectamente.
Horace Bénédict de Saussure (1740-1799)
Louis François Ramond de Carbonnière barón de Carbonnières, (1755 - 1827).
Ramond midió la altura del Monte Perdido 2 años antes (1802)  en el macizo de las Tres Soroes, en los pirineos centrales.
En esa ascensión del 2 de agosto de 1805 permanecieron en la cumbre hasta las 5 de la tarde ocupándose en una serie de observaciones barométricas que los mantuvo ocupados como puede verse en la narración [págs. 646 y 647].
Hay una última lectura termométrica:
A las 4,30 de la tarde llegó el barómetro a subir hasta las 9 líneas, estando el termómetro a los 13º.
Y una nota significaiva:
Se me había roto en el día anterior otro termómetro de marcha enteramente igual al que me ha servido en la operación de Veleta. Si ni he llevado otros instrumentos es porque no los hay en Granada, ni menos quien los haga.

jueves, 26 de enero de 2017

AVENTURAS TERMOMETRICAS EN LA SIERRA NEVADA DE GRANADA 1ª parte

Muy del gusto del último tercio del XVIII símbolos y expresiones armoniosas del fundamento físico-matemático de las fuerzas de la naturaleza: física y geometría en  El quitasol,  Goya hacia 1777.
En ocasiones nos hemos referido a la afición  termométrica de Simón de Roxas y a sus inclinaciones para lo que en su época llamaban meteorología. 
Durante su última estancia en Titaguas - su pueblo natal -  articuló un programa sistemático de recogida de datos atmosféricos del que ya hablamos en:
En su autobiografía Simón de Roxas prefiere presentarse como hombre de letras, pero en su juventud hubo números, muchos números, problemas de geometría y las brillantes escalas de los instrumentos, tablas celestes, náuticas, cuadernos con notas barométricas y al final de la jornada la liturgia de dar cuerda a los cronómetros.
Basta ver las actividades del profesor Galiana (Antonio Galiana nacido en Xixona 1762 y fallecido en Valencia hacia 1840 de quien podemos ver una sinopsis biográfica en https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/62014.pdf ) en la Universidad de Valencia tras la llegada de su nuevo alumno, para apreciar con lo que comenzó a modelarse el joven Simón de Roxas de 14 años *. 
Hay una especie de formación paralela que algunos alumnos reciben simultáneamente a las lecciones de clase al obtener el favor de pasar horas en la biblioteca del despacho del profesor.
El tema estaba "en el aire" y de moda y aunque no tenemos evidencias concretas que Simón de Roxas conociera estas obras podemos ponerlas como ejemplos significativos.

Muy acertadamente Salvador Ximénez Coronado  (1747-1813)  primer profesor del Observatorio de Madrid  tradujo y publicó en 1793 esta - aún hoy - interesante obra de Alexander Wilson (1766-1813); un  científico naturalista  contemporáneo de Clemente, que dirigió sus investigaciones en ámbitos (ornitología) coincidentes con algunas de las de nuestro autor.

El abate Salvador Ximénez Colorado supo antes que Clemente lo sensible que eran el corazón y el bolsillo del "favorito" al fomento de algunos templos y jardines del saber. Ambos estrenaron y vieron sus respectivos proyectos echar a andar gracias a las inclinaciones naturalistas y al reconocimiento del Príncipe de la Paz, pero todo sería apenas un espejismo. 


O esta también traducción de Vicente Alcalá Galiano (1757 - 1810).


Pese a la similitud con el apellido no confundir este autor con el nombrado profesor alicantino de Clemente ni con los Alcalá Galiano, Dionisio padre, héroe de Trafalgar y su hijo Antonio. Texto completo en: 
http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10067599
Simón de Roxas que permaneció durante alrededor de nueve años próximo a su profesor Galiana, tuvo tiempo de sobra para apreciar la metamorfosis de la Cosmogonía a la Cosmología, proceso que podemos seguir puntualmente  por ejemplo a partir de la muy documentada información que aparece en:

El último año aún estudiante en Valencia Simón de Roxas coincidió con la breve estancia en la ciudad del barón Humboldt, que se detuvo en la capital del Turia arreglando papeles y viendo las aclimatadas plantas americanas que custodiaba el botánico Lorente en el jardín del obispado en Puzol, allá por el 8 de febrero de 1799.
Aunque no hay constancia que se produjera encuentro alguno Simón de Roxas pronto seguiría los pasos del sabio viajero alemán a la capital española y encontrara junto a su nuevo maestro Cavanilles - redactor de Anales de Hª Natural - una posición privilegiada para apreciar la aventura americana del barón alemán, de la que se publicaban puntualmente noticias en esta revista en la que Clemente que debía tenerla muy leída vería impreso en esas fechas  por primera vez un trabajo suyo.

Véase pág. 231 en: http://bibdigital.rjb.csic.es/spa/Libro.php?Libro=742

El barón Humboldt publicaría en 1825 un extracto de su travesía peninsular de 1799 y sus conclusiones sobre el relieve en la revista Hertha basándose en su diario y en su correspondencia personal.

Su estilo evidencia la actitud hacía el territorio y el paisaje de los viajeros del nuevo siglo que no eluden añadir a las consideraciones usuales de los viajeros del XVIII, datos atmosféricos integrados en el relato como un elemento narrativo más, aportando un sentido especial además del estrictamente numérico. 
Pero en el caso de Simón de Roxas la necesidad y deseos de incluir en sus escritos noticias sobre presiones barométricas y temperaturas van a verse continuamente entorpecidos por la imposibilidad de disponer de instrumentos de medida. Así en el otoño de 1803 en Sanlúcar inmerso en la redacción de su Ensayo sobre las vides andaluzas  anota:

Ensayo sobre las variedades de la  vid común (pág. 56).
 Lo que no dejaba de resultar paradójico habiendo tenido recientemente a mano el completo arsenal de instrumental (Véase pág. 113 Martín Polo 2016) acopiado en colaboración con su desaparecido compañero de viaje: Domingo Badía

Termómetros de Reaumur de la época.
En el inventario de instrumentos para la expedición al Africa que se conserva en el Archivo Municipal de Barcelona figuran 8 termómetros que éste Badía se ha llevado con todo lo demás, tras abandonar a Clemente para pasar a África en solitario al poco de llegar juntos a Cádiz desde Londres.
De este famoso personaje  Domingo Badía Leblich (1767 - 1818) de cuya intensa relación con Simón de Roxas  nos ocuparemos en el futuro, no debemos olvidar que era en sus días uno de los escasos cultivadores nacionales de la física de la atmosfera y en 1798 había publicado en castellano los Ensayos sobre la higrometría de Horace Bénédict de Saussure (1740 – 1799) con dedicatoria al rey Carlos IV.

Portada del original de Saussure que tradujo Badía. Clemente compartía con el aristócrata suizo la pasión por la geología, las plantas, las montañas y la meteorología, debía conocer y reprodujo las mediciones alpinas del pionero suizo en sus exploraciones en Sª Nevada.

 A continuar

* Otra nota biográfica de Antonio Galiana en Biblioteca de autores valencianos Justo Pastor Fuster (1827) Valencia, aunque con fecha de defunción erronea.
Tomo I, pág. 450.
 https://books.google.es/books?id=JNRyRAMESK0C&pg=PA454&lpg=PA454&dq=antonio+galiano+valencia+1800&source=bl&ots=dqQ7wSudkL&sig=X4zf9QhlVXPypWW2LyDB40fW5Jo&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjf9c2QlKjQAhVPGsAKHSGlCxsQ6AEIPjAJ#v=onepage&q&f=true